Poema Navideño – Un mordisco de torta de almendras.

Ese leve instante en que llega la tarde de la Nochebuena…

Huele a Navidad. Olor a castañas.

El frío que tersa el rostro y encoge los hombros bajo el jersey.

Las hojas secas del otoño removidas por el viento preludio de la nieve del invierno.

La niebla y la escarcha reinas al alba.

Me descalzo. Libres los tacones. Nuevos. Recién estrenados. Pasos que resuenan comenzar lo que en otros tiempos se soslaya.

Las manos frías de templanza. La calma que inunda la estancia.

El primer desayuno repleto de sonrisas.

El regreso al calor del hogar, al fulgor de la leña.

La mesa para dos los sábados de merienda se convierte hoy (envuelto en papel envejecido como los libros) en un suspiro.

Las sobremesas de dulces precedidas del caldo navideño en casa de los abuelos, o las tardes de brindis previas a la partida para pasear con las cálidas luces del frío invierno. El transcurrir de las cosas. La evolución en los roles.

Y las fotos, y los versos. Reescribirse.

Lo que aún permanece. Lo que se perpetúa y se consolida. La existencia de revivir y reinventarse. La tradición volátil, efímera. La nostalgia, la melancolía.

Los sueños, las ilusiones. Indemnes, intactas.

Un mordisco de torta de almendras.

¡Feliz navidad!

María Hernández Maestro. Psicóloga.

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