“No quiero ver nada en el plato” | Sobrepeso y obesidad infantil

Según la Encuesta Nacional de Salud publicada este año por el Ministerio de Sanidad, la Región de Murcia se encuentra entre los primeros puestos en cuanto a sobrepeso y obesidad infantil.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) refiere que la causa principal del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre la ingesta de alimentos y el gasto de energía en las actividades diarias. Es decir, que la cantidad de alimentos consumidos, o su valor energético, es superior a lo que el organismo puede metabolizar, gastar o quemar.

En nuestra región, un 25,7% de la población de 2 a 17 años de edad sufre sobrepeso y un 14,2% obesidad. Las cifras son alarmantes, ya que estos niños, niñas y adolescentes incrementan la probabilidad de desarrollar precozmente enfermedades o alteraciones asociadas a un peso excesivo.

¿Qué enfermedades o complicaciones?

  • Complicaciones cutáneas o dermatológicas: Sudoración excesiva, alteraciones de la barrera protectora de la piel, piel seca y enrojecimiento, rozaduras, eccemas, llagas, estrías, celulitis, acné, hirsutismo o exceso de vello en mujeres y alopecia androgénica o calvicie en hombres, incremento del riesgo de sufrir melanoma, acrocordones en cuello y axilas, reducción de oxigenación de los tejidos, etc.
  • Dificultades respiratorias: Cuando el peso y el índice de masa corporal aumentan la capacidad pulmonar disminuye, ya que el movimiento del diafragma queda obstaculizado por la acumulación de tejido adiposo en el abdomen y la extensión de los pulmones queda reducida durante la inspiración, dando lugar a disnea o sensación de ahogo al realizar pequeños o mínimos esfuerzos, ronquidos, apnea del sueño, ataques de asma más agudos (si se padece), enfermedad pulmonar obstructiva, etc.
  • Complicaciones digestivas: Reflujo gastroesofágico, formación de cálculos en la vesícula biliar, meteorismo (elevada producción de gases intestinales), dispepsia (trastorno de la digestión que cursa con náuseas, pesadez y dolor de estómago, pirosis o ardor que sube desde el estómago hasta la faringe, producida por la regurgitación de líquido estomacal cargado de ácido), etc.
  • Alteraciones puberales o del desarrollo sexual: Pubertad precoz o adelantada en niñas, comienzo tardío de la pubertad en niños, ginecomastia (crecimiento anormal de las glándulas mamarias en niños), ovarios poliquísticos, etc.
  • Alteraciones metabólicas: Diabetes Mellitus Tipo II (incremento de los niveles de glucosa en sangre por insuficiencia o resistencia a la insulina que produce el propio cuerpo), hiperuricemia (aumento de ácido úrico en sangre), dislipemia o aumento de los niveles lipídicos en sangre (exceso de colesterol y triglicéridos), etc.
  • Patología cardiovascular: Hipertensión, insuficiencia vascular periférica (varices), incremento del riesgo de padecer accidentes cerebrovasculares como trombosis, ictus, infartos, insuficiencia cardiaca, arritmia, infarto de miocardio y muerte súbita.

Lejos de remitir con el paso del tiempo, el sobrepeso y la obesidad es un problema que tiende a mantenerse en la adultez, produciendo un deterioro general y progresivo del organismo equiparable a un envejecimiento acelerado, lo cual deriva en una disminución de la calidad de vida y también en la reducción de la esperanza de vida.

Pero… ¿Sólo conlleva complicaciones a nivel físico?

Es muy importante conocer que los efectos del sobrepeso y la obesidad no sólo afectan a la salud físicamente, sino que también tiene un gran impacto psicoemocional, produciendo baja autoestima, un pobre autoconcepto, aislamiento social, descenso del rendimiento académico, ansiedad, alteraciones del estado de ánimo, síntomas depresivos, inactividad y sedentarismo, dificultades con el autocontrol, sufrimiento de conductas de rechazo, burlas o poca aceptación por parte de sus iguales, sentimientos de inferioridad, falta de autonomía, insatisfacción con la imagen corporal… Incluso pudiendo derivar en alteraciones o trastornos de la conducta alimentaria como el trastorno por atracón o la bulimia.

¿Y cuáles son las causas más frecuentes?

Entre las causas más frecuentes del sobrepeso y la obesidad infantil se encuentran:

  • Patrón alimentario inadecuado (menos de 5 comidas al día, desayuno incorrecto, escaso o suprimido, horarios inestables, distractores durante las comidas, picoteos entre horas, etc.).
  • Exceso de alimentación hipercalórica (bollería industrial, chucherías, snacks, fritos, precocinados, refrescos, zumos preparados, etc.).
  • Alimentación no variada o desequilibrada (consumo insuficiente de frutas y verduras, legumbres, pescado, cereales, etc.).
  • Escasa actividad física o sedentarismo (uso de ordenador, tablet, móvil, televisión, videoconsola, etc.).
  • Patrón de sueño alterado o inadecuado (acostarse muy tarde y dormir poco, por lo general, sacrifica tiempo al desayuno).

¿Qué se puede hacer?

Se da por hecho que el abordaje del sobrepeso y la obesidad se fundamenta en una alimentación equilibrada y la realización de ejercicio (y estos componentes son imprescindibles), sin embargo, las investigaciones demuestran que la mayoría de personas suelen recuperar el peso original en un periodo aproximado de 5 años. ¿Qué ocurre entonces? Que para que las intervenciones sean realmente eficaces deben ser multidisciplinares, incluyendo, además del abordaje médico y nutricional, a especialistas de la psicología y el compromiso e implicación de los padres y madres.

La conducta alimentaria se forma con los hábitos que aprendemos y creamos a lo largo de la vida, y para que los resultados de la pérdida de peso sean sólidos y se mantengan estables en el tiempo hay que modificar también esos hábitos y creencias relacionadas (aquí es donde la familia juega un papel imprescindible).

Desde que nacemos nuestra relación con la comida tiene un gran peso cultural y, de manera colateral o secundaria, un papel también educativo. Se utiliza en numerosas ocasiones para premiar (“Toma, te has ganado un caramelo”), castigar (“Como hoy te has portado mal te quedas sin postre”), celebrar (“Es tu cumpleaños, vamos a invitar a merendar a tus amiguitos y amiguitas una tarta bien grande”) y consolar (“No llores, toma una galleta”).

Sin quererlo, a través de estas acciones se enseñan y aprenden muchas cosas y, con la repetición, se forjan las creencias.

Por ejemplo, si desde la infancia cada vez que llore por frustración, dolor, enfado o tristeza, mi figura de referencia me consuela dándome algo de comer como un caramelo o unos gusanitos, sin darme cuenta, estaré aprendiendo una estrategia de regulación emocional basada en la ingesta de alimentos. ¿Qué consecuencias tendrá esto? Por un lado, no aprenderé a desarrollar mecanismos de autorregulación emocional y por otro, no desarrollaré estrategias de resolución de problemas. A lo largo de mi vida, tendré más probabilidad de recurrir a la comida cuando me encuentre en una situación problemática, complicada o de difícil manejo, lo cual, no será beneficioso para mí en muchos sentidos.

No se puede obviar que el acto de alimentarse es voluntario (con lo cual, se entiende que sea también consciente, a diferencia de respirar, por ejemplo), y esto lo convierte en educable y moldeable, permitiéndonos introducir cambios y mejoras  en cualquier momento de la vida.

Para un adecuado abordaje y prevención del sobrepeso y obesidad infantil (así como otras alteraciones de la conducta alimentaria), es de suma importancia educar en patrones de alimentación adecuados, con horarios estables, sin distracciones a la hora de comer, fomentar el consumo de alimentos 5 veces al día, prestar atención a la importancia del desayuno, seguir una dieta equilibrada basada en alimentos saludables y naturales y, sobre todo, no caer en la “trampa” de utilizar la comida como un reforzador, un castigo o una estrategia de afrontamiento frente a las dificultades emocionales.

La alimentación saludable, además de ser una necesidad esencial para nuestra supervivencia, es fundamental para mantenernos sanos y sanas tanto física como psicoemocionalmente.

María Reinaldos Vega

Psicóloga

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