“Érase una vez…” | Curiosidades clínicas con nombre de cuento

Los cuentos forman parte de la cultura popular, de la imaginación y la fantasía, sin embargo, en nuestra vida cotidiana puede haber personas, roles o situaciones que nos recuerden a alguna de las historias o sus personajes. Un efecto curioso es que, a pesar de no ser reconocidos de manera oficial por las clasificaciones diagnósticas clínicas, los nombres de algunos de estos personajes suelen ser utilizados metafóricamente para referirse a alteraciones, complejos, síndromes o efectos psicofisiológicos que pueden afectar a la salud orgánica y psicoemocional de algunas personas.

Para saciar vuestra curiosidad, os traemos una lista seleccionada de aquellos que guardan similitudes con algunos de los personajes de películas Disney:

  • Síndrome de Peter Pan: Probablemente este sea el más conocido de todos. Algunas personas consideran su infancia como el mejor periodo de sus vidas, hasta tal punto que intentan prolongar algunas de sus características durante el mayor tiempo posible, especialmente las de evitar asumir responsabilidades y obligaciones vinculadas al mundo adulto. Suelen reflejar inmadurez emocional  y social, así como un comportamiento infantiloide e irresponsable,  poseen rasgos narcisistas con tintes dependientes culpando a los demás de sus problemas y eludiendo la propia responsabilidad sobre sus acciones. A nivel sentimental, evitan establecer relaciones de pareja para no afrontar un compromiso, y en caso de tenerla es muy probable que esa persona se sienta atrapada en un eterno rol materno/paterno.
  • Síndrome de Wendy: Caracterizado por una total necesidad de satisfacer a la otra persona a través de un cuidado y protección excesivos para convertirse en “imprescidible”, por miedo al rechazo, al abandono o a aspectos socioculturales. También son comunes en estas personas los sentimientos y creencias de no haber sido atendidas o aceptadas por sus padres/madres, tratando de ejercer ese rol insistentemente con quien se deje cuidar (generalmente con su pareja e hijos/as), concibiendo el amor como algo sacrificado y sumiso. Tendencia a relacionarse con personas que podrían encajar en el perfil del “síndrome de Peter Pan”.
  • Complejo de Cenicienta: Estas personas se caracterizan por una enorme necesidad de ser cuidadas por una pareja idealizada que cubra todas sus expectativas y creencias fantasiosas, mostrando un intenso temor a vivir de manera independiente. Necesitan que el “príncipe/princesa” les salve y les proteja, ya que se sienten incapaces de resolver problemas sin la ayuda de esa persona, generando relaciones de dependencia.
  • Síndrome de Blancanieves: Aunque se llame “de Blancanieves”, en realidad hace referencia al personaje de la madrastra, la “Reina Grimhilde”, quien envidiaba terriblemente la belleza y juventud de Blancanieves. Las personas que encajarían en este apartado serían aquellas que sienten una gran inseguridad sobre su propia imagen y se niegan a aceptar las consecuencias físicas del pasar de los años, temen envejecer. Sobrevaloran la juventud y la belleza considerándolas el único medio con el que conseguir cualquier aspiración y creen que llegados los cuarenta años se inicia un declive físico y personal que les hará dejar de tener oportunidades y tener menos valía para el resto, es por esto por lo que envidian a las personas más jóvenes a quienes consideran más atractivas y, por ello, “competencia”. Como consecuencia de estas creencias, sienten una gran inseguridad, generando intensos sentimientos de envidia, lo que las lleva a despreciar a las personas más jóvenes pudiendo llegar a herirlas emocionalmente a través de humillaciones explícitas o encubiertas. Toda esta situación les genera una gran frustración y estrés mantenidos en el tiempo, causándoles problemas de ansiedad y depresión. La baja tolerancia hacia el envejecimiento y obsesión con la propia imagen, les lleva a lucir una imagen/estilo que les haga parecer juveniles, tratando de buscar parejas mucho más jóvenes e incluso decantándose por la cirugía estética para tratar de esquivar el paso del tiempo.
  • Síndrome de la bella durmiente: Si bien los anteriores no tienen un reconocimiento oficial dentro de las clasificaciones diagnósticas, aquí si nos encontramos con un trastorno neurológico llamado síndrome Kleine-Levin, caracterizado por largos episodios de sueño, alteraciones de tipo cognitivo así como del comportamiento. Quienes lo padecen pueden dormir alrededor de 20 horas al día, pudiendo llegar a prolongarse estos episodios de hipersomnia durante días o semanas (de ahí el símil con el personaje de Aurora o la bella durmiente). Otros síntomas asociados son una alimentación compulsiva, conductas obsesivas, hipersexualidad, negligencia en la higiene personal, alteraciones emocionales (irritabilidad, labilidad emocional, agresividad…), deterioro de las capacidades mentales, desorientación, desrealización, experiencias alucinatorias, amnesia, etc.
  • Síndrome de Rapunzel: Esta expresión se utiliza para referirse a una condición diagnóstica específica derivada de la tricotilomanía y la tricofagia, trastornos psicológicos en los que la persona se arranca el propio pelo (tricotilomanía) y se lo come (tricofagia). Como el sistema digestivo es incapaz de digerir el pelo, éste se acumula y se mezcla con comida, dando lugar a una bola conocida como tricobezoar, la cual no puede expulsarse de forma natural. Cuando el tricobezoar es tan largo que se extiende hasta el duodeno y debe ser intervenido quirúrgicamente, se utiliza la expresión “Síndrome de Rapunzel” como un símil entre la situación real y el cuento, en el que el cirujano ejercería metafóricamente el rol del personaje que salva a Rapunzel en la historia.
  • Síndrome de Alícia en el país de las maravillas: Este síndrome  hace referencia a un cuadro clínico de carácter neurológico, muy llamativo pero afortunadamente infrecuente. Se caracteriza por episodios de distorsión perceptiva tanto de la imagen corporal como del tamaño, distancia, forma y relaciones espaciales de los objetos, así como del transcurso del tiempo. Del mismo modo que el personaje de Alícia en el país de las maravillas, la percepción visual de estas personas se altera en cuanto a la forma (metamorfopsia), al tamaño, viendo las cosas más grandes (macropsia) o más pequeñas (micropsia) de lo que realmente son, al tamaño de otras personas (alucinación o visión liliputiense), a la situación espacial de los objetos pudiendo verlos más alejados de lo que verdaderamente están (teleopsia) o más cercanos (pelopsia), a la imagen corporal, viendo partes del cuerpo agrandadas (macrosomatognosia) o reducidas (micromatognosia), incluso sensación de tener dos cuerpos. Otras percepciones visuales ilusorias que también pueden experimentar pero con mucha menos frecuencia son: percepción repetida de una imagen cuando el estímulo ya no está presente (palinopsia), incapacidad para reconocer caras (prosopagnosia), pérdida de la percepción del color reduciéndose a blanco, negro y gris (acromatopsia), etc. Las personas que sufren este síndrome tienen total consciencia de que su percepción se encuentra alterada, reconociendo lo irreal de las experiencias. Por lo general, éste cuadro sintomático suele manifestarse parcialmente, es decir, dándose únicamente algunas de las alteraciones mencionadas y no todas a la vez; suele ser más frecuente en personas jóvenes, especialmente niños/as, asociado a migrañas, epilepsia, lesión cerebral, infecciones de tipo vírico, al consumo de algunos fármacos y drogas; de evolución generalmente benigna y con plena recuperación en unas semanas o pocos meses.
  • Efecto Pinocho: Cuando mentimos, nuestro organismo segrega hacia el torrente sanguíneo unos neurotransmisores llamados Catecolaminas. Éstas producen un incremento de la presión sanguínea, inflamando el tejido interno de las fosas nasales, dando lugar a una ligera coloración, inflamación y picor de la punta de la nariz, tal vez sea debido a esto el motivo por el que cuando alguien miente suela tocarse la nariz de manera inconsciente.

 

“Y colorín colorado… las curiosidades de hoy han acabado”

 

María Reinaldos Vega

Psicóloga

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